La Obra Kolping en América Latina

Desde comienzos de la década de los setenta del siglo XX, la Obra Kolping Internacional ha intensificado sus esfuerzos por extenderse a otras culturas más allá de su ámbito de acción tradicional. Para dicha tarea, la Obra Kolping Internacional se dejó guiar por el pensamiento de su fundador, Adolfo Kolping, según el cual esta asociación debe asumir su responsabilidad frente a la problemática social de cada época y colaborar para lograr soluciones.

Hacia fines del siglo XX queda claramente demostrado que, en vista de la globalización, la cuestión social tiene una dimensión internacional que se caracteriza por la necesidad imperante de alcanzar la justicia social en el intercambio entre las distintas regiones de la tierra. Al mismo tiempo, sin embargo, la cuestión social sigue presente al interior de las naciones requiriendo de medidas audaces para alcanzar la justicia social en los distintos países.
La Obra Kolping Internacional consideró que una de las formas de colaborar en la solución de estas tareas era, ante todo, la fundación de Familias Kolping y de Federaciones Nacionales, las cuales - tanto a través de la acción de sus miembros, como a través de su cooperación dentro de esta asociación de alcance mundial - debían contribuir a hacer realidad una mayor justicia social.
 
A partir del año 1970 aproximadamente, la Obra Kolping Internacional ha intentado convertir en realidad este concepto básico en América Latina, donde la idea cayó en tierra fértil. En un lapso relativamente breve fue posible encontrar en muchos países latinoamericanos un número considerable de laicos y sacerdotes que participaron con gran compromiso personal y pericia en la fundación y expansión de la Obra Kolping en sus respectivos países, poniendo en práctica los objetivos de la asociación.
Después de treinta años de trabajo y en vista de las múltiples transformaciones tanto en esta región como en el mundo entero, parece necesario reafirmar los objetivos y las tareas a realizar y desarrollar nuevas perspectivas para acciones futuras.
 
I. La concepción que tiene de sí misma la Obra Kolping Internacional
 
La Obra Kolping Internacional sigue estando convencida de que la formación de asociaciones sociales puede ser un instrumento eficaz para alcanzar una mayor justicia social. Por esto considera que la expansión de su propia asociación será una tarea esencial también en el futuro. Sin embargo, dicha expansión deberá ajustarse a la concepción que tiene de sí misma la Obra Kolping Internacional.
 
 
La Obra Kolping: Una asociación social internacional y católica
 
La Obra Kolping es una comunidad de cristianos que se unen - basándose en la persona y el mensaje de Jesucristo, en la Doctrina Social de la Iglesia y en la voluntad y la acción de Adolfo Kolping - para fomentar conjuntamente el bien común en sentido cristiano y para cooperar con la renovación y la humanización permanente de la sociedad. Sus miembros son conscientes de que la transformación de la sociedad comienza por el individuo. Por lo tanto, la capacitación de cada uno de sus miembros para actuar de acuerdo con su condición de cristianos en todos los ámbitos de la vida, es un primer paso imprescindible para lograr transformaciones sociales.
Entre los miembros, en las comunidades y grupos locales, pero también dentro de la asociación a nivel mundial deben practicarse el amor social y la justicia social y debe convertirse en realidad lo que se puede esperar de una comunidad solidaria.
 
La Obra Kolping: Una comunidad de personas
 
Según la concepción de la Doctrina Social de la Iglesia, los seres humanos constituyen la base y el objetivo de todas las instituciones sociales. Por lo tanto, el pensamiento y la acción de los hombres determina profundamente la orientación y las características de la sociedad. El desarrollo de la sociedad depende del pensamiento y de la acción de cada individuo. Por eso, la Obra Kolping orienta su trabajo, en primera instancia, hacia el individuo.
Pero el hombre como ser social necesita de la comunidad con otros hombres para poder desplegar totalmente sus aptitudes y para resolver los problemas de su vida cotidiana. Es por ello que en las Familias Kolping las personas se reúnen en una comunidad para organizar su vida en solidaridad y para participar activamente en la construcción de una sociedad justa.
Por lo tanto, la Obra Kolping es, en forma expresa, una comunidad de personas que desean perfeccionarse y desarrollarse juntas y consideran como su misión, contribuir a la organización de la sociedad a partir de su responsabilidad cristiana. Esta tarea la puede realizar cada individuo desde el lugar que ocupa en la sociedad en lo laboral y en la vida cotidiana, pero también a través del compromiso comunitario con otros miembros. Las posibilidades de influir sobre la sociedad serán tanto mayores cuanto más personas apoyen y apliquen activamente en forma conjunta los objetivos de la Obra Kolping. Por ello, la Obra Kolping como asociación se esfuerza por atraer a muchas personas que apoyen y enriquezcan sus objetivos.
 
La Obra Kolping: Una asociación que acompaña toda la vida
 
Para poder contribuir a organizar la sociedad, no se requiere tener una edad determinada. La cooperación de distintas generaciones incrementa incluso las probabilidades de encontrar soluciones a problemas sociales, que necesitan tanto de la experiencia de vida de los mayores como de la búsqueda desafiante de soluciones nuevas, adecuadas a la situación actual, que aportan los jóvenes. Por lo tanto, la Obra Kolping como comunidad de carácter familiar y que acompaña toda la vida, abarca, expresamente, a personas de distintas generaciones. Si bien, para el trabajo de la asociación hay que encontrar permanentemente formas de actividad y posibilidades de acción adecuadas a las distintas edades, la multiplicidad de las formas de colaboración constituye una característica esencial de la asociación. La Obra Kolping desea ser expresamente una comunidad para todas las edades y desea acompañar a cada uno de sus miembros a lo largo de su vida.
 
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La Obra Kolping: Una asociación de hombres y mujeres
 
Del mismo modo en que la convivencia de distintas generaciones en una asociación constituye un elemento de dinamismo, el hecho de que sus miembros sean tanto hombres como mujeres contribuye al aprovechamiento de los distintos puntos de vista de los géneros y de su naturaleza diferente para los objetivos comunes.
 
Del mismo modo en que una familia sólo puede desarrollar plenamente sus posibilidades de acción cuando tiene un padre y una madre, también la Obra Kolping, como comunidad de carácter familiar, estará especialmente en condiciones de cumplir con su tarea de contribuir a organizar la sociedad, si logra que se llegue a una convivencia armoniosa de los géneros dentro de la asociación.
Por eso, la Obra Kolping aspira a una relación equilibrada entre hombres y mujeres dentro de la asociación y acoge con especial satisfacción a matrimonios como miembros, ya que esta es la mejor forma de realizar dentro de las familias de sus miembros los ideales que tiene la Obra Kolping respecto del matrimonio y de la familia. Esta convivencia armoniosa requiere del esfuerzo permanente de todos en la asociación, mujeres y hombres, y exige que en cada caso se tomen en serio las posibilidades y capacidades distintas y específicas del otro sexo.
 
La Obra Kolping: Una asociación de miembros comprometidos con objetivos
 
Ser miembro de una asociación implica tener derechos y obligaciones. Así como cada miembro, por un lado, tiene el derecho a participar en las diversas actividades, a elegir democráticamente a los dirigentes y a cooperar en forma participativa en el desarrollo y en la concreción de los objetivos de la asociación, por otro lado también tiene la obligación de pagar su cuota y de participar activamente en la vida de la asociación y en la realización de sus objetivos.
 
Independientemente de esta obligación básica, los miembros pueden participar en grados distintos en la vida de la asociación. Su situación personal, sus obligaciones laborales o su pertenencia a otros grupos sociales pueden llevar a que, por un lado, estén completamente de acuerdo con los objetivos de la Obra Kolping Internacional y los apoyen, pero que no puedan participar en todas las actividades comunitarias. Lógicamente, a lo largo de la vida pueden alternar épocas de participación muy activa con otras de escasa actividad.
La Obra Kolping les abre la posibilidad de ser miembros de la asociación a todas las personas que apoyen sus objetivos y cumplan con las obligaciones básicas de los miembros. A pesar de que la Obra Kolping aspira a motivar a sus miembros para que participen de la vida de la asociación de la forma más intensa posible, también está consciente de que no todos sus miembros están en condiciones de participar permanentemente de este modo.
 
 
La Obra Kolping: Una comunidad democrática
 
La Obra Kolping es una asociación de estructura democrática. Sus miembros tienen derechos y obligaciones. Entre sus derechos está la elección de los miembros del Directorio que asumen una especial responsabilidad por la asociación durante el período de su mandato y que responden ante la Asamblea de Miembros por sus decisiones. La capacitación de los dirigentes electos para su cargo es una tarea permanente de la asociación.
 
A nivel nacional o regional, la asociación puede crear una infraestructura con colaboradores contratados a tiempo completo. Las estructuras ejecutivas organizadas de este modo llevan a cabo las resoluciones de las Asambleas de Miembros y del Directorio y son responsables ante el Directorio por sus acciones. Elaboran propuestas para las distintas agrupaciones de la asociación y se encargan de que la información entre los distintos niveles de la organización se dé en forma regular.
El funcionamiento adecuado del trabajo realizado por la asociación requiere también de una base económica sólida. Por un lado, una de las obligaciones de los miembros consiste en participar en el financiamiento del trabajo de la asociación mediante el aporte de sus cuotas; por el otro lado, cada una de las Federaciones debe emprender esfuerzos dirigidos al autofinanciamiento en todos sus niveles.
Es responsabilidad tanto de los miembros, como de los Directorios y de las estructuras ejecutivas asegurar la base económica del trabajo.
 
La Obra Kolping: Una asociación de laicos católicos
 
La Obra Kolping se concibe a sí misma como una asociación de laicos católicos en la que, por libre decisión, se reúnen cristianos para realizar tareas y concretar objetivos que ellos mismos establecen. De este modo, los miembros de la Obra Kolping hacen uso del derecho a la libre coalición de los fieles, establecido en el Derecho Canónico
 
A través de la colaboración mutua, los miembros de la Obra Kolping ponen en práctica la vocación que les confirieron el bautismo y la confirmación, ejerciendo su apostolado comunitario en distintas áreas, relacionadas tanto con su propia vida, como con el trabajo y con otros ámbitos específicos.
Como asociación privada en el sentido del Derecho Canónico y como parte del pueblo de Dios, la Obra Kolping aspira además, en forma expresa, a establecer un nexo con la Iglesia como institución, y su concepción de sí misma implica que en todos los niveles de la asociación se elija a un representante del ministerio sacerdotal como parte del directorio. La convivencia armoniosa entre sacerdotes y laicos es una característica de esta concepción de sí misma que tiene la asociación. El esfuerzo por lograr, dentro de lo posible, una relación estrecha con la Iglesia como institución, se refleja también en la estructura de la organización de la asociación que, en el caso ideal, es semejante a la estructura de la Iglesia, comenzando a nivel parroquial y llegando hasta el nivel de la Iglesia mundial.
 
La acción de la Obra Kolping en las distintas áreas de la vida y en ámbitos específicos
La Obra Kolping se concibe a sí misma como una asociación que acompaña toda la vida y que abarca todas las áreas en que ésta se desarrolla. Por lo tanto, intenta brindar su ayuda a los seres humanos en todos los entornos sociales e influir activamente sobre todos los ámbitos de la vida y todos los demás campos específicos que requieran de su acción.
 
En ese sentido, a la familia le cabe una especial importancia. La familia es la célula básica de la sociedad. Dentro de ella, todos los seres humanos adquieren sus características esenciales y aprenden sus conductas sociales. La promoción de la familia y la generación de condiciones marco que la favorezcan y promuevan constituye una tarea esencial de la Obra Kolping.
El trabajo es la clave para la solución de la cuestión social. Por eso, el mundo profesional y laboral es otro campo de acción importante de la Obra Kolping. La preparación y la capacitación de los seres humanos para su trabajo y la promoción de un mundo laboral organizado con justicia social siguen siendo desafíos permanentes para la asociación.
El Estado y la sociedad influyen de modo esencial en la vida de los individuos. A ese nivel, se establecen condiciones marco que moldean de modo decisivo la vida de los individuos, sus posibilidades de participación en la vida de la sociedad y su propia situación social. Influir sobre las estructuras de la sociedad y del Estado, para que se respete la dignidad del hombre y para que la sociedad se organice según los principios de solidaridad y subsidiaridad, es una tarea que debe plantearse tanto cada uno de los miembros Kolping individualmente, como la Obra Kolping en general.
El tiempo libre y la cultura son ámbitos decisivos en los que el hombre puede desplegar sus aptitudes, y representan un complemento indispensable para el mundo laboral que a menudo se caracteriza por su orientación unilateral.
 
El tiempo libre y la cultura no sólo sirven para que el hombre, a través de su creatividad, recupere fuerzas, sino que también constituyen un ámbito esencial para la organización de la vida social en los distintos lugares. Desde el comienzo de su acción, la Obra Kolping ha desarrollado numerosas actividades en este ámbito.
La base de la acción de la Obra Kolping en las distintas áreas de la vida y de los otros ámbitos mencionados es la fe cristiana. La fe y la religión no son, por lo tanto, un ámbito del quehacer paralelo a los demás, sino que constituyen el fundamento sobre el que se basa el trabajo en todas las áreas. Del mismo modo en que la levadura hace fermentar el pan, la orientación encontrada en la fe cristiana debe impregnar la acción de la Obra Kolping en todos los ámbitos del quehacer y de la vida.
 
II. La situación en América Latina
 
Al inicio del tercer milenio, el subcontinente latinoamericano se enfrenta a nuevos desafíos, a pesar de los notables progresos socioeconómicos alcanzados.
 
Teniendo en cuenta la concepción que de sí misma tiene la Obra Kolping Internacional, expuesta anteriormente, esos desafíos se pueden situar en por los menos tres ámbitos:
 
Desafíos socioeconómicos: La alta tasa de desocupación y la pobreza
 
Después de la década de los ochenta, denominada "la década perdida" para América Latina, en la década de los noventa la región se estabilizó considerablemente en el ámbito económico. Esta estabilización económica está directamente relacionada con la estabilización de la democracia en casi todos los países latinoamericanos. Las consecuencias positivas de este nuevo desarrollo fueron, principalmente, las altas tasas de crecimiento y la derrota de la inflación. Prácticamente todos los países se orientaron hacia la economía de mercado, hacia el fortalecimiento del sector privado y hacia la apertura frente al mercado mundial.
Pero no fue sólo la crisis financiera de los años 1998/99 la que demostró que esta política económica también puede contribuir hasta cierto punto a la desestabilización de la región. El cambio estructural en lo económico tiene un alto costo social.
Las privatizaciones, la apertura de los mercados y la afluencia de inversiones directas provocaron, por un lado, un fuerte aumento de la productividad y, por lo tanto, también un fortalecimiento de la competitividad internacional, pero, por el otro lado, también contribuyeron a la pérdida de fuentes de trabajo y al aumento de la pobreza.
A esto se agrega que en algunos países no existe una planificación económica a largo plazo o que, en caso de existir, no se puede llevar a cabo por razones políticas.
Además, en la fase de crecimiento económico se omitió la introducción de programas sociales a largo plazo, que habrían llevado a una mayor justicia social.
No obstante, para garantizar el crecimiento económico a largo plazo manteniendo la dinámica de las exportaciones y la orientación hacia el mercado mundial, se requiere un aumento del ahorro y gracias a éste, también un aumento de las posibilidades de inversión y una mejora del nivel educativo de amplios sectores de la población.
Debido a la falta de una política social a largo plazo que acompañara el crecimiento, la desocupación oficial ha aumentado, ascendiendo en la actualidad a un promedio de un 10% aproximadamente. Dicha desocupación afecta, ante todo, a los latinoamericanos de entre 15 y 24 años, y dentro de este grupo, las mujeres padecen la desocupación en mayor medida que los hombres (Fuente: CEPAL). Sin embargo, el aumento de la desocupación encubierta y el crecimiento del sector informal son más dramáticos.
 
La creciente desigualdad social y la exclusión de amplios sectores sociales de la economía formal y de los sistemas de seguridad social, hacen que la integración social se vuelva cada vez más precaria. Más del 40% de los latinoamericanos vive por debajo de la línea de pobreza.
 
Desafíos sociopolíticos: Urbanización, Democratización, Familia y Juventud
 
En América Latina, que en la actualidad tiene alrededor de un 76% de población urbana, la urbanización ha seguido aumentando. Esto sucede en un contexto de desocupación y de pobreza, sobre todo en zonas rurales, y de una deficiente política social del Estado. Como resultado de esta problemática, surgen muchos otros problemas en las ciudades latinoamericanas: la pobreza y la falta de viviendas, la violencia, el consumo de drogas y la criminalidad. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, en América Latina mueren 1250 personas por día como consecuencia de la violencia, y varios miles resultan heridas diariamente.
La democratización de América Latina representa otro desafío absolutamente decisivo, tanto a nivel sociopolítico como en lo que se refiere a la política de desarrollo. Aunque en casi todos los países latinoamericanos la democracia se estabilizó en la década de los ochenta y de los noventa, la incapacidad de lograr acuerdos y la fragmentación del espectro de los partidos políticos en algunos países, impide la formación de gobiernos estables y capaces de tomar decisiones.
 
Aunque la democracia en tanto norma social es aceptada en general, las instituciones y los agentes sociales funcionan a menudo según otras reglas. Todavía no existe una cultura política democrática suficientemente arraigada. No hay una sociedad civil que marque un estilo y un perfil democráticos.
Los valores democráticos como el sentido comunitario y el compromiso por los asuntos públicos, la disposición a establecer relaciones no impulsados por intereses personales, sino orientadas hacia el bien común y la confianza en el valor de las instituciones y en las leyes a menudo aún están escasamente arraigados. Como consecuencia de esta falta de valores democráticos, faltan también autoridades gubernamentales comprometidas con el bien común en todos los ámbitos políticos.
Además, la célula base de la sociedad en América Latina, la familia y su estructura tradicional, su tamaño y su carácter se ha modificado drásticamente en los últimos tiempos. En la actualidad, las familias son más pequeñas, se contraen menos matrimonios y a edad más avanzada. A esto se agrega la maternidad precoz, el concubinato, las separaciones, los divorcios, las madres jefas de hogar, los hogares unipersonales y las familias que se constituyen sobre la base de un primer fracaso matrimonial.
La juventud en América Latina abarca una parte también cuantitativamente importante de la población, ya que los jóvenes hasta los quince años de edad representan más de un 30% de la misma.
 
Sin embargo, esta juventud forma uno de los eslabones más débiles de la cadena social. Apenas puede contar con el apoyo de la familia como sucedía antiguamente, cuando se trata de buscar una oportunidad de formación profesional o de conseguir un puesto de trabajo. La familia también ha dejado de brindarle respaldo moral y espiritual a los jóvenes. Cada vez es más difícil transmitir valores tradicionales, por lo que las generaciones venideras están amenazadas por el embrutecimiento y corren el riesgo de terminar en la calle en el sentido literal de la palabra.
 
Desafíos para la Iglesia Católica: Sectas y Globalización
 
Entre un 80 y un 90% de los 475 millones de habitantes de América Latina son católicos. Sin embargo, el crecimiento masivo de las sectas y de las comunidades religiosas semejantes a las sectas, así como las consecuencias negativas de la globalización, implican un especial desafío para la Iglesia Católica en América Latina.
Cuando se buscan los motivos del crecimiento acelerado de las sectas después de quinientos años de historia de la Iglesia Católica, se mencionan, por un lado, el aumento del individualismo, la disolución de las estructuras tradicionales y el desarrollo económico y, por el otro lado, el tradicionalismo de la Iglesia Católica junto a una cierta pérdida de su poder y de su funcionalidad.
 
Por ahora, no se ha dado una respuesta satisfactoria a la pregunta de si las sectas constituyen más bien un movimiento de protesta en el sentido de una iglesia de los pobres o si son un movimiento que reemplaza una estructura de poder jerárquica inexistente. Sin embargo, parecen tener éxito en darle a la gente lo que busca: acogida y seguridad.
También en esta región existen, aunque de un modo reducido, los problemas generales que se le plantean actualmente a la Iglesia en todo el mundo en el marco de la globalización como, por ejemplo, la escasez de sacerdotes y el creciente individualismo de la sociedad.
La relativa escasez de sacerdotes se explica por la disminución del número de misioneros extranjeros, que no se pueden reemplazar al mismo ritmo por sacerdotes procedentes de la región. De ese modo, a la vez se pierden fuentes de recursos para proyectos de desarrollo.
El creciente individualismo de la sociedad a nivel mundial también tendrá como consecuencia que, en el futuro, la disposición a hacer donaciones y la solidaridad de los hombres en todo el mundo tenderá a disminuir y no a aumentar, lo que, debido a la precaria situación presupuestaria en muchos países, puede llevar de por sí a dificultades financieras en la cooperación al desarrollo.
 
Participación en el desarrollo de valores y actitudes democráticos
 
En las últimas décadas se ha impuesto un sistema de gobierno democrático legitimado en casi todos los países de América Latina. Pero no se puede pasar por alto que en algunos países los sistemas democráticos todavía son muy débiles y están expuestos a amenazas constantes. A largo plazo, la forma democrática de gobierno sólo se podrá sostener si los ciudadanos de los respectivos países también sustentan las actitudes y los valores democráticos.
La Obra Kolping ha estimulado y alentado una y otra vez la participación responsable de sus miembros en los asuntos públicos a través de su pensamiento, su palabra y su acción y por eso se la denomina no sin motivo una “escuela de la democracia”.
 
Con la firme convicción de que una forma democrática de gobierno es la mejor manera de garantizar la libertad y la dignidad humana y de crear las condiciones adecuadas para construir una sociedad pacífica y socialmente justa, la Obra Kolping considera que en América Latina la participación en la estabilización de la democracia de los diversos países y en el fortalecimiento de las actitudes y de los valores democráticos de los ciudadanos constituye una tarea importante.
El aprendizaje de estos valores y actitudes comienza dentro de la misma asociación. La Obra Kolping es una asociación de estructura democrática y, por lo tanto, un espacio donde se pueden aprender actitudes democráticas. Esto presupone que sus miembros deben ser incentivados a asumir tales actitudes y valores. Deben aprender y experimentar el hecho de que participan en la responsabilidad por el desarrollo de la asociación, de la sociedad y del Estado, que tienen derechos y obligaciones, que los intereses propios se deben armonizar con los intereses de todos los miembros y que también son corresponsables del bien común.
Si la Obra Kolping desea ser una escuela de la democracia, esto también presupone que dentro de la asociación misma se respeten los elementos básicos de una estructura democrática como, por ejemplo, que los cargos tengan una limitación temporal y que quienes los ocupan sean electos democráticamente, que se acepten las decisiones de la mayoría, que se pueda llegar a acuerdos negociados entre las partes y que todas las decisiones se orienten en la dignidad humana.
 
Además de procurar que se respeten los principios democráticos dentro de la asociación misma, la Obra Kolping debe asumir también las tareas de capacitar a sus miembros para su participación responsable dentro de la sociedad y de fortalecer sus virtudes cívicas. Por lo tanto, es necesario alentar a los miembros a asumir responsabilidad en todos los ámbitos de la sociedad. Dicha responsabilidad abarca tanto la participación en comités cívicos y en iniciativas populares de alcance local como la participación en sindicatos, organizaciones gremiales, partidos políticos y parlamentos.
 
Fortalecimiento de la asociación mediante innovación, consolidación y expansión
 
En respuesta a los nuevos desafíos sociopolíticos en América Latina, la Obra Kolping Latinoamericana, apoyándose en su particular estructura social, deberá asumir con mayor énfasis sus posibilidades como parte de la sociedad civil latinoamericana.
Por eso, deberán abordarse temas y problemas de actualidad, que tengan relevancia sociopolítica (por ejemplo, la criminalidad, la corrupción, la drogadicción, la falta de viviendas, la desocupación); será necesario reflexionar acerca de estos temas en todos los ámbitos de la asociación y discutir los posibles planteamientos de solución, poniendo en práctica, de este modo, la exigencia de "formación política". Deberán incluirse también en el trabajo los conocimientos y la experiencia de personalidades de la vida pública ajenas a la asociación, o lograr que éstas se conviertan en miembros de la misma.
 
La asociación deberá introducir sus ideas con mayor énfasis en el diálogo público entre el Estado y la sociedad, ejerciendo lo que se llama "actividades de lobby". De manera expresa, deberá motivar a sus miembros, tanto hombres como mujeres, a asumir cargos políticos. Esa es la única manera en que la asociación podrá hacer oír su voz y contribuir, tal vez mediante la creación de redes con otras organizaciones análogas, a generar condiciones marco más justas.
Para estar a la altura de estas exigencias, la asociación deberá consolidar y expandir sus bases.
Por ejemplo, será necesaria una cantidad mínima de miembros para que una Familia Kolping pueda subsistir a lo largo del tiempo. Los dirigentes de la asociación y los responsables de sus instituciones deberán tener una actitud de apertura hacia las bases y estar dispuestos a participar en programas de perfeccionamiento necesarios.
La cooperación de la asociación tanto a nivel regional como a nivel internacional se basa en el principio de solidaridad internacional. Por lo tanto, el intercambio y la comunicación, así como también la búsqueda permanente de soluciones comunes y el respeto mutuo, constituyen requisitos indispensables para que el trabajo tenga éxito. En América Latina se ofrecen formas especialmente interesantes de cooperación más allá de las fronteras.
Para que el trabajo de la asociación sea fructífero, será decisivo, ante todo, el afianzamiento en la sociedad latinoamericana, es decir, también en las ciudades de América Latina.
 
Por eso, se necesitan ideas innovadoras para lograr una mayor expansión ampliando la base de miembros. En el trabajo de formación y de las relaciones públicas deberán emplearse de manera creciente los medios de comunicación, tanto modernos, como clásicos (Internet, radio, televisión), dado que constituyen el foro de comunicación que une a la sociedad actual.
En cada uno de sus contextos sociales, la Obra Kolping Latinoamericana deberá dejar en claro que lo específico que ella les ofrece a las personas, tanto a hombres como a mujeres, tanto a jóvenes como a mayores, son actividades llenas de sentido cuya meta es construir el futuro en común a través de la auto-organización y, por lo tanto, dar respuestas a sus preguntas.
Debido al origen histórico de la Obra Kolping, la juventud ocupa un lugar destacado en la asociación. Esto deberá ser el caso especialmente en América Latina, donde un tercio de la población es joven. Los jóvenes deberán ser sujetos y no objetos del trabajo de la asociación, pero no deberán entrar de ningún modo en competencia con los miembros mayores. Su sinceridad, su creatividad y su espontaneidad podrán constituir un enriquecimiento para la asociación en su totalidad y un aporte esencial para la renovación de sus contenidos.
Para que este importante elemento no se pierda, sino que pueda desplegar libremente su potencial y éste pueda servir para el bien de todos, habrá que crear estructuras que, por un lado, permitan una relativa independencia de los jóvenes, pero, por el otro, garanticen una plena integración de ellos en la asociación en su conjunto.
 
Ante el trasfondo de la progresiva disolución de las estructuras familiares, es igualmente importante que mediante actividades de formación, sensibilización y promoción se logre volver a reunir a unidades familiares amenazadas, ya que de la familia pueden partir impulsos esenciales para construir una sociedad sana. En este contexto y de acuerdo con las circunstancias concretas, deberán implementarse iniciativas específicamente orientadas a la promoción de la mujer y crearse instituciones que sirvan de complemento a la familia.
 
Renovación del trabajo pastoral, fortalecimiento del trabajo con los jóvenes
 
En el sentido de la Exhortación Apostólica postsinodal "Ecclesia in America" del Papa Juan Pablo II, la Iglesia sólo podrá responder a los nuevos desafíos en América Latina renovando su trabajo pastoral a través de nuevos contenidos, nuevas formas y nuevos métodos. Esto también es válido para la Obra Kolping que, en su carácter de asociación de laicos bautizados y confirmados, es parte de la Iglesia y realiza un trabajo pastoral bajo su propia responsabilidad.
La Doctrina Social de la Iglesia deberá guiar este trabajo pastoral, puesto que, también en una sociedad moderna y globalizada, dicha doctrina ofrece orientación y puntos de referencia. En vistas de la escasez de sacerdotes y de los esfuerzos de la Iglesia por estar presente en todos los ámbitos de la vida, la formación de laicos en la Iglesia y su integración en el trabajo pastoral es en la actualidad más importante que nunca.
Al mismo tiempo, la colaboración que dentro de la Iglesia puedan prestar los laicos pertenecientes a la Obra Kolping, contribuirá a crear una imagen inconfundible y unívoca de la asociación en la opinión pública latinoamericana.
Esta relación recíproca entre la Iglesia y la Obra Kolping deberá subrayarse una y otra vez. Sólo de este modo se podrá convertir en realidad la idea básica de Adolfo Kolping de "vivir la fe con las manos".
La así llamada "Nueva Evangelización" tiene como objetivo, adaptarse - sobre todo, culturalmente - a las nuevas circunstancias y tener en cuenta, en particular, las necesidades y los problemas de los jóvenes. Por lo tanto, el trabajo con los jóvenes debe ser intensificado de modo urgente.
El trabajo pastoral tendrá una doble finalidad. Por una parte, deberá capacitar a los miembros de la Obra Kolping para su colaboración en tareas pastorales y, por otra, deberá acompañarlos a ellos mismos a lo largo del camino de su vida. También en América Latina, el quehacer pastoral tiene una importancia central, puesto que es, a la vez, una herramienta y un campo de trabajo.
De este modo, la Obra Kolping Latinoamericana también dará una respuesta al desafío de las sectas, puesto que las Familias Kolping que se constituyen, tienen los mismos enfoques esenciales que caracterizan hoy a la Iglesia a través de las comunidades de base latinoamericanas.
Entre estos enfoques esenciales se encuentran: la sensibilidad frente a la necesidad social, una nueva toma de conciencia del potencial de la fe, el compromiso de contribuir a la transformación del mundo de acuerdo con la fe, la resistencia frente a los sistemas que amenazan la vida humana y la participación en la misión de la Iglesia - todo esto, sin embargo, fuera de las estructuras habituales, en un nuevo entorno, en nuevos frentes.
Una Familia Kolping que vive de acuerdo con su programa y lo convierte en realidad, es una auténtica comunidad cristiana de base
 
Este documento fue aprobado por el Directorio General de la Obra Kolping Internacional con fecha del 13 de abril de 2000, después de haber sido consultado con las Federaciones Nacionales de América Latina y el Directorio del Consejo Latinoamericano.
Traducción: OBRA KOLPING INTERNACIONAL, Oficina Santiago de Chile 2000
 
Las Federaciones Nacionales de América se unen en un equipo de trabajo continental denominado: Consejo Americano.
El Objetivo del mismo es: la unión y colaboración solidaria entre las Federaciones Nacionales de la Obra Kolping en América, para su mejor y mayor desarrollo, respetando lo específico del trabajo de cada Federación Nacional.
 
El Directorio del Consejo Americano está formado por:
  • Washington Rodríguez (Uruguay)
  • P. José Gutiérrez (Bolivia)
  • Julia Ortega de Hillebrand (Argentina)
  • P. Paulo Link