Directrices 2002

 

Hubert Tintelott, Secretario General

 
Introducción a las deliberaciones y la toma de decisión acerca de las directrices para la Solidaridad Internacional Solidaridad: "La condición moral para el desarrollo de un mundo justo"(Encíclica "Sollicitudo rei socialis")
 
 
El Consejo General de la Obra Kolping Internacional presenta hoy ante la Asamblea General el esbozo de las directrices para la solidaridad internacional. Este esbozo ya ha recorrido un largo camino de deliberaciones. En primera instancia, en el marco de una jornada de estudios, en su reunión de mayo de 1999 en Bolzano, el Consejo General trató el compromiso de la Obra Kolping Internacional en el ámbito de la solidaridad internacional y se preguntó por los nuevos desafíos que se le plantean a la Obra Kolping Internacional aquí y ahora. Después, a partir de las exposiciones y deliberaciones, el Directorio General elaboró un primer esbozo de las directrices para la solidaridad internacional, que fue enviado a todas las Federaciones Nacionales para su deliberación. Luego, el Directorio General incorporó los cambios propuestos por las Federaciones Nacionales en un segundo esbozo revisado, que se presentó en octubre de 2001 en Roma al Consejo General para su deliberación y toma de decisión. En su reunión de Roma, el Consejo General decidió presentar este nuevo esbozo como moción ante la Asamblea General y les solicita a los delegados que aprueben esa moción.
 
 
¿Por qué nuevas directrices?
 
Las directrices para la solidaridad internacional en la versión que se presenta ahora, deberán reemplazar a las actuales "Directrices de política de desarrollo" de la Obra Kolping Internacional. Una nueva versión de estas directrices era y es altamente necesaria, puesto que, sin duda, la situación mundial se ha modificado en forma decisiva desde su aprobación, el 6 de diciembre de 1979. Las directrices de política de desarrollo del año 1979 aún están totalmente impregnadas del espíritu de la encíclica "Populorum progressio" del Papa Pablo VI del año 1967 y reflejan las primeras experiencias de la Obra Kolping Internacional en el ámbito de la cooperación al desarrollo. Esta encíclica, que se ocupó por primera vez en forma exclusiva de la llamada cuestión social internacional y se propuso llevar esta cuestión a la conciencia de los seres humanos y, ante todo, también de los católicos, se dirigía principalmente y en forma casi exclusiva a los pueblos ricos de los países industrializados y a los ricos dentro de los mismos países en desarrollo. Este objetivo se pone claramente de manifiesto ya al comienzo de esta encíclica, cuando su Santidad escribe: "Los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos " (P.P. 3). Totalmente en el sentido de esta apelación, el Santo Padre les impone una triple obligación a los pudientes en vista del desarrollo solidario de la humanidad: la obligación de solidaridad, la obligación de justicia social y la obligación de amar. Aunque el Papa Pablo VI en su encíclica "Populorum progressio" también subraya la responsabilidad y la participación de cada uno al decir: "Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento lo mismo que de su salvación " (P.P. 11), el llamado a los pudientes y a los que más pueden producir está en un evidente primer plano: "Nuestra caridad con los pobres que hay en el mundo - y estos son legiones infinitas - debe ser más atenta, más activa, más génerosa". (P.P. 76)
 
Por lo tanto, la encíclica se orientaba clara y explícitamente a que los países industrializados ayudaran a los países en desarrollo y a sus habitantes en su desarrollo económico. En ese sentido, en el año 1967 se partía aún de una expectativa muy optimista y se esperaba poder resolver en una o dos décadas de desarrollo, los problemas de la cuestión social internacional, los problemas como el hambre, la enfermedad y la miseria en el mundo, mediante un único esfuerzo a nivel mundial de todos los seres humanos de buena voluntad.
 
Esta orientación que miraba desde el llamado Primer Mundo hacia el llamado Tercer Mundo, también determina claramente las directrices de política de desarrollo de la Obra Kolping Internacional. También en estas directrices todavía prevalece la reflexión acerca de cómo la Obra Kolping puede ayudarles a los seres humanos del "Tercer Mundo" a resolver sus problemas y a desarrollarse. Las directrices describían los ámbitos de tareas en que debía comprometerse la Obra Kolping, el modo en que podía organizarse la especial promoción de la persona humana y de las estructuras sociales y los requisitos que se debían cumplir dentro de los países industrializados para poner en práctica ese compromiso.
 
Directrices 2002
Pero el debate generalizado de política de desarrollo, y también el debate dentro de la Obra Kolping después de la creación de cada vez más Familias Kolping y Federaciones Nacionales en América Latina, Africa y Asia, pronto puso de manifiesto que la división en un Primer, Segundo y Tercer Mundo no era el camino adecuado para resolver los problemas, sino que se trataba más bien de encarar los problemas en forma conjunta en un "Mundo Unico".
Este nuevo punto de vista se reflejó después también en la encíclica "Sollicitudo rei socialis" publicada por el Papa Juan Pablo II el 30 de diciembre de 1987, con motivo del vigésimo aniversario de la encíclica "Populorum progressio". En esta nueva encíclica, el Santo Padre puntualiza ya al comienzo que la preocupación social de la Iglesia respecto de un verdadero desarrollo humano, por un lado enfatiza una y otra vez las enseñanzas fundamentales de la Iglesia, pero que, al mismo tiempo, también somete estas enseñanzas a una renovación permanente en vista del cambio de las condiciones históricas y del flujo permanente de los acontecimientos. En ese sentido, el Papa subraya que, en contra de la visión optimista de "Populorum progressio", la brecha entre países pobres y ricos ha seguido creciendo y que se ha reconocido que las diferencias culturales y del sistema de valores influyen en gran medida sobre los desarrollos económicos, etc.
En contraposición a "Populorum progressio", también hace responsables a los países en desarrollo en relación con el empeoramiento de la situación económica en muchas partes del mundo, por ejemplo, cuando enfatiza que allí hubo graves omisiones que son corresponsables de la miseria económica, en especial, omisiones de personas que detentaron el poder económico y político en estos países. Lógicamente, también se subraya la falta de decisión de los países industrializados y de sus habitantes, que no se comprometieron suficientemente con la solución de la cuestión social internacional. Pero también se expresa claramente que la humanidad en su totalidad es responsable del desarrollo futuro. Esta responsabilidad global de todos en un Mundo Unico se hace aún más imperiosa si, como lo describe en forma enfática el Papa Juan Pablo II, en forma paralela a la dependencia mutua debe surgir una creciente solidaridad internacional. Dice textualmente: "Si se reconoce la interdependencia en ese sentido, la respuesta a ella como actitud moral y social, como 'virtud', es la solidaridad. Esta no es un sentimiento impreciso de compasión o de conmoción superficial por el sufrimiento de tantas personas que están cerca o lejos de nosotros. Por el contrario, es la resolución firme y permanente de comprometerse con el bien común, es decir, con el bienestar de todos y de cada uno, porque todos somos responsables por todos ".
 
Este pensamiento de una nueva solidaridad que abarca a todo el mundo y la responsabilidad común de todos los hombres por el desarrollo en un Mundo Unico también marca el presente esbozo de las directrices para la solidaridad internacional, totalmente en el sentido de la encíclica "Sollicitudo rei socialis".
 
 
La Obra Kolping en el camino hacia una asociación inserta en la cultura de todos los continentes
 
Pero estas directrices no sólo contemplan las afirmaciones plasmadas en la Doctrina Social de la Iglesia, sino también la creciente experiencia de la Obra Kolping Internacional en el ámbito de la solidaridad internacional. Cuando se aprobaron las directrices de política de desarrollo en 1979, se acababan de fundar las primeras Federaciones Nacionales de la Obra Kolping en América Latina y en los órganos de conducción de la Obra Kolping Internacional como, por ejemplo, el Consejo General, en un principio, los primeros representantes de estos países sólo se hacían presentes en forma ocasional y como huéspedes. En la actualidad, la situación de la Obra Kolping Internacional es muy distinta. La Obra Kolping Internacional cuenta con 37 Federaciones Nacionales, de las cuales 24 Federaciones Nacionales están representadas por sus delegados en el Consejo General. Los órganos de conducción están constituidos en la actualidad realmente por una representación internacional y la asociación, que originariamente se concentraba en Europa Central, se ha convertido en una asociación internacional.
 
Pero tampoco esta situación diferente, el hecho de que la Obra Kolping Internacional se convirtiera en una asociación verdaderamente internacional, modificó los objetivos programáticos de la asociación. La Obra Kolping sigue pretendiendo ser una comunidad de carácter familiar, y esto no sólo a nivel de las Familias Kolping locales, sino en todos los demás niveles de la asociación. Como comunidad de carácter familiar, la Obra Kolping es una comunidad solidaria y esto también debe reflejarse lógicamente en la acción de la asociación y en el trato de los miembros entre sí. Ser miembro de una comunidad solidaria implica asumir responsabilidad el uno por el otro y ser miembro de una comunidad solidaria internacional implica ampliar esta conducta solidaria más allá de grupos nacionales, superar viejas fronteras y comprometerse con la nueva corresponsabilidad internacional.
 
Las directrices intentan describir esta nueva situación y derivar de ella las consecuencias necesarias.
 
La estructura de las nuevas directrices
Las directrices que se presentan ahora como moción del Consejo General comienzan con una descripción de la situación actual, con la descripción de los cambios sociales vertiginosos, de la creciente globalización y de las consecuencias que resultan de estos hechos. En esa parte introductoria se asume el pensamiento de la encíclica "Sollicitudo rei socialis" de que la creciente dependencia en el mundo que se globaliza también requiere de la solidaridad internacional como respuesta y que esta solidaridad internacional también debe tomar en consideración a las generaciones futuras. Por lo tanto, la preocupación por la preservación de la Creación es una parte igual de genuina de una acción solidaria internacional como el compromiso con la justicia social, con el respeto y con la promoción de los derechos humanos o como el esfuerzo por promover la paz.
 
El segundo gran apartado de las directrices describe cuál puede y debe ser la respuesta concreta de la Obra Kolping a la creciente dependencia mutua de los seres humanos en el mundo y subraya que en el marco de la solidaridad internacional no se trata de acciones o signos solidarios aislados, sino de la importancia de crear estructuras solidarias internacionales. La Obra Kolping Internacional es una estructura de solidaridad internacional de ese tipo y, por lo tanto, desde su enfoque y su concepción de sí misma, está en condiciones de hacer frente a las nuevas tareas.
 
En el tercer apartado, que lleva el título "El desarrollo integral como objetivo", se describe lo que la Obra Kolping Internacional desea lograr en el ámbito de su trabajo, es decir, el objetivo al que aspira nuestra acción solidaria internacional. En ese sentido, para una asociación social católica es lógico que el ser humano con todas sus aptitudes y capacidades, con sus talentos y sus debilidades, se encuentre en el centro del interés. El objetivo es la promoción del ser humano, su desarrollo integral. Para la Obra Kolping, el desarrollo no se circunscribe al plano económico, sino que, según la concepción de la Obra Kolping, siempre debe tener en cuenta al ser humano en su totalidad. Lógicamente, la estructuración de las condiciones sociales marco también es parte de esta tarea ya que, en muchos casos, estas condiciones sociales marco son corresponsables de que los seres humanos no puedan desarrollarse, de que estén privados de los espacios necesarios para asumir compromisos bajo su propia responsabilidad, de que incluso haya grupos sociales enteros que sean excluidos del desarrollo.
 
La cuarta y última parte de las directrices se ocupa de la cooperación entre contrapartes en la Obra Kolping Internacional. Esta cooperación entre asociaciones diocesanas y Federaciones Nacionales, pero también entre Familias Kolping, ya constituye una característica concreta de la solidaridad a la que la Obra Kolping aspira dentro de la Obra Kolping Internacional. La cooperación entre contrapartes puede contribuir en forma especialmente intensiva a que los miembros de la Obra Kolping a nivel mundial puedan entrar en contacto entre sí, puedan conocerse mutuamente y puedan asumir responsabilidad mutua los unos por los otros. Pero en este capítulo de las directrices también se describen con especial énfasis las exigencias que se deben plantear a las contrapartes respectivas. Las relaciones de cooperación nunca deben ser unidireccionales, sino que presuponen un dar y un recibir mutuo, y cada una de las contrapartes debe estar dispuesta tanto a comprender y aceptar a la otra en toda su disimilitud, como a descubrir las similitudes y a subrayarlas y, finalmente, a experimentar las diferencias como un enriquecimiento. La cooperación entre contrapartes constituye, sin duda, un ámbito de ejercitación ideal para el diálogo entre las culturas, que es tan indispensable en la actualidad.
 
 Las directrices requieren de su puesta en práctica
 
Si hoy la Asamblea General aprueba estas directrices, esto constituye sin duda un acto de voluntad explícito en el sentido de que la Obra Kolping Internacional asume la responsabilidad y está dispuesta a participar en la solución de la cuestión social internacional, pero, en primera instancia, no se trata más que de un papel. Habrá que ver cómo podemos poner en práctica en la acción cotidiana de la asociación los enunciados contenidos en las directrices.
El texto de estas directrices ya ha recorrido un largo proceso madurativo y ha sido sometido a deliberación en las distintas agrupaciones a todos los niveles, de modo que dicho texto fue mejorado una y otra vez. Parto de la base de que hay ya entre nosotros un consenso básico respecto de la orientación de estas directrices, de modo que en el debate del día de hoy - si fuera necesario - sólo habrá que modificar algunas formulaciones aisladas.
 
Por eso, cuando en el Directorio General planificamos el programa de esta Asamblea General también previmos que, inmediatamente después de la toma de decisión nos reunamos en grupos de trabajo para preguntarnos cómo podemos poner en práctica estas directrices. ¿Cómo podemos explicarles a todos nuestros miembros de la Obra Kolping Internacional qué es lo que exigen de cada miembro individual estas directrices con sus enunciados? ¿Cómo podemos hacer más nítido nuestro perfil como asociación social católica internacional y cómo puede contribuir nuestra acción en forma aún más clara y eficiente a luchar contra la pobreza global en el mundo y a participar en la construcción de un mundo socialmente más justo?
 
Con la aprobación de las directrices para la solidaridad internacional podemos poner de manifiesto aquí y ahora que la Obra Kolping Internacional está a la altura de los tiempos en su trabajo programático, pero actuando a partir del espíritu de estas directrices, podemos realizar un aporte reconocible y significativo para aliviar las miserias humanas y participar en la construcción de una sociedad solidaria. Enfrentemos la responsabilidad, demostremos que como cristianos estamos dispuestos a poner de manifiesto ante el mundo que nos concebimos todos como hijos del mismo Padre y que, por lo tanto, estamos mutuamente unidos en forma fraternal a nivel mundial.
 
XXXa Asamblea General de la Obra Kolping Internacional
 
 
Directrices para la Solidaridad Internacional
Texto Aprobado
I. Situación inicial y fundamentos
 
1. Un mundo cada vez más interrelacionado
El mundo se caracteriza por cambios vertiginosos que repercuten en todos los ámbitos de la convivencia económica, política, social, cultural y religiosa del ser humano. Esos cambios generan al mismo tiempo una red cada vez más densa de interrelaciones y dependencias mutuas, a la que se le aplica el término "globalización" y que constituye un creciente desafío para los individuos, determinando su vida cotidiana. Se han desarrollado nuevos mercados, nuevos actores, nuevas reglas y normas, así como nuevos medios de comunicación.
 
2. Oportunidades y riesgos que conllevan los cambios
Esta nueva red de relaciones implica tanto oportunidades como riesgos. Amplía las posibilidades de desarrollo para algunos, pero las disminuye para otros. De ese modo, el mundo se encuentra cada vez más interrelacionado, pero al mismo tiempo crece la exclusión de los socialmente débiles y de los marginados, aumentan la distancia y el aislamiento entre los individuos, crece la brecha entre norte y sur, entre este y oeste y entre las generaciones. Será importante organizar en forma activa y consciente estos cambios ante el horizonte de una responsabilidad global por el bien de todos los seres humanos de este Mundo Único.
 
3. Responsabilidad global y solidaridad
En vista de la globalización, una organización consciente de los cambios presupone una solidaridad universal. Representa una respuesta a la creciente dependencia mutua entre los seres humanos. Para los cristianos, esta solidaridad universal tiene su fundamento en la fraternidad de todos los seres humanos como hijos de un mismo Padre. Teniendo en cuenta la envergadura de los desafíos, se deben buscar caminos para fortalecer la acción solidaria a pesar del creciente individualismo. Está comprobado que la solidaridad crece cuando las personas se interrelacionan en la fe.
 
4. Responsabilidad por la justicia, la paz y la preservación de la Creación
La brecha entre pobres y ricos crece permanentemente. La pobreza destruye los derechos humanos elementales, impidiendo el acceso a la alimentación, a la salud y a la educación. En la actualidad, la lucha contra la pobreza debe guiar el pensamiento y la acción de la política de desarrollo de la comunidad internacional. Esta lucha es un requisito indispensable para promover la justicia social internacional y la paz. La solidaridad universal tampoco puede perder de vista la responsabilidad por las generaciones venideras y por los demás seres creados. Por lo tanto, se requiere que toda acción sea sometida a revisión en relación con su compatibilidad social y su sustentabilidad.
 
5. La acción solidaria como obligación recíproca
La acción solidaria consiste en un dar y un recibir, basado en la reciprocidad. Por eso aquellos que son más fuertes están obligados a compartir sus dones, ya sean estos de índole material o espiritual. Pero, por el otro lado, los más débiles también deben comprometerse a realizar todos los esfuerzos que les sean posibles para mejorar su situación de vida bajo su propia responsabilidad y determinación. La solidaridad no puede ser de ningún modo unidireccional, sino que se trata de un proceso en que las partes aprenden una de la otra y crecen juntas.
 
6. La cuestión social internacional
En el marco de las dependencias mutuas que se dan a nivel mundial, también la "cuestión social" se ha convertido en una "cuestión social internacional". La creciente brecha entre, por una parte, las regiones de la tierra caracterizadas por un rápido desarrollo y un bienestar generalizado y, por otra, aquellas regiones que permanecen al margen de este desarrollo y se caracterizan por un aumento de la pobreza, reclama enérgicas contramedidas.
 
7. La cuestión social nacional
Al hablar de la existencia de una cuestión social internacional, no queremos decir que se encuentren resueltas las candentes cuestiones sociales en los distintos ámbitos nacionales. También al interior de los países se evidencian, tanto una brecha creciente entre los sectores de la población de ingresos altos y los de ingresos bajos, como un aumento de la tendencia a reducir los espacios de participación en las decisiones sociales de las clases de ingresos bajos. Esta tendencia se ve incrementada por el creciente desnivel entre la ciudad y el campo y por el aumento de la diferencia de ingresos entre las distintas regiones.
 
8. La cuestión social como desafío para la Obra Kolping
Desde su creación, la Obra Kolping ha sentido el compromiso de contribuir a resolver la cuestión social tal como ésta se plantea en cada época. El mismo Adolfo Kolping veía en la Asociación fundada por él, un medio adecuado para colaborar en la solución de la cuestión social. En ese sentido, en un principio, estuvo en un primer plano la cuestión social nacional, pero desde comienzos de los años setenta del siglo XX, la Obra Kolping Internacional también ha comprometido su esfuerzo colaborando en la solución de la cuestión social internacional.
 
II. La solidaridad requiere estructuras
 
9. Una nueva dimensión de la solidaridad
Los aportes a la solución de la cuestión social internacional y a la solidaridad universal no sólo piden el compromiso de cada individuo, sino que también requieren estructuras específicas. Mientras antiguamente la solidaridad era una característica de las relaciones sociales tradicionales, en la actualidad se necesita una ampliación de la solidaridad práctica hacia una dimensión global. Adolfo Kolping consideraba a la "Asociación Social" que había fundado, como una estructura de solidaridad que iba más allá de las relaciones sociales tradicionales y que debía hacer posible la solución de problemas sociales en una comunidad solidaria ampliada.
 
10. El despliegue de las aptitudes de los individuos
La comunidad solidaria de la Obra Kolping, ahora como antes, se ha puesto como meta capacitar al individuo para que pueda desplegar su personalidad, con el fin de participar bajo su propia responsabilidad y en forma comunitaria en el desarrollo de una sociedad solidaria desde una perspectiva global. A través del despliegue de sus propias aptitudes y capacidades, el individuo estará en condiciones de realizar el aporte que le corresponde en el marco de las comunidades solidarias a las que pertenece y en el marco de la solidaridad universal que abarca a todos los seres humanos.
 
11. La Obra Kolping como estructura social de dimensión mundial
La brecha entre pobres y ricos crece permanentemente. La pobreza destruye los derechos humanos elementales, impidiendo el acceso a la alimentación, a la salud y a la educación. En la actualidad, la lucha contra la pobreza debe guiar el pensamiento y la acción de la política de desarrollo de la comunidad internacional. Esta lucha es un requisito indispensable para promover la justicia social internacional y la paz. La solidaridad universal tampoco puede perder de vista la responsabilidad por las generaciones venideras y por los demás seres creados. Por lo tanto, se requiere que toda acción sea sometida a revisión en relación con su compatibilidad social y su sustentabilidad.
 
12. La solidaridad comienza en la Familia Kolping
La comunidad solidaria más pequeña dentro de la Obra Kolping es la Familia Kolping. La Obra Kolping Internacional considera que la creación y la promoción de Familias Kolping y su integración en la Obra Kolping Internacional constituyen un primer paso para el fomento de la solidaridad universal práctica a nivel mundial. Como lugares en que se practica una vida comunitaria y compartida, las Familias Kolping son una buena alternativa cuando se trata de fortalecer el pensamiento y la acción bajo responsabilidad propia de los seres humanos. A través de sus estructuras democráticas, ellas colaboran en la organización democrática de la convivencia humana en los ámbitos de la política y de la sociedad, contribuyendo además a resolver la cuestión social y a construir una sociedad orientada hacia el bien común.
 
13. Comprometidos a participar en la solución de la cuestión social
La solidaridad que se da entre las Familias Kolping y los distintos niveles de organización de la Obra Kolping a nivel mundial, puede y debe constituir un aporte decisivo para que la Obra Kolping - a través de todos sus estamentos y de todas las agrupaciones que conforman la Asociación y dentro del marco de los objetivos que la caracterizan - pueda colaborar de manera eficaz en la solución de la cuestión social tanto a nivel nacional, como en el ámbito internacional.
 
 
19. La importancia especial de la formación
El hombre es el primer responsable de su propio desarrollo. Provisto de fuerzas intelectuales y de libre voluntad, está llamado a desplegar todas sus aptitudes. Por eso, la Obra Kolping le ofrece a cada individuo la posibilidad de reconocer sus capacidades a través de programas de formación adecuados. En este contexto, la Obra Kolping pone especial énfasis en la formación profesional, puesto que una formación profesional sólida constituye la mejor garantía de un puesto de trabajo duradero, de modo que el individuo pueda llegar a tener la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas a partir de su remuneración laboral. Al mismo tiempo, una formación profesional sólida puede contribuir a aumentar la confianza del individuo en sí mismo, fortaleciendo de ese modo su personalidad.
 
20. La importancia de la iniciativa empresarial
Una personalidad fortalecida del modo descrito, también está capacitada para tomar una iniciativa a nivel empresarial. Dicha iniciativa empresarial es necesaria para aprovechar todas las posibilidades de desarrollo, para crear nuevos puestos de trabajo y para enfrentar los desafíos de una sociedad en permanente proceso de cambio. La Obra Kolping considera que no sólo tiene la tarea de despertar y promover ese tipo de iniciativas empresariales, sino que también debe contribuir a organizar sistemas sociales que le dejen suficiente margen a la iniciativa empresarial y no la desalienten mediante procesos burocráticos.
 
21. La contribución a la organización del cambio social
 
A lo largo de su historia, la Obra Kolping siempre intervino en favor de que los ordenamientos de la convivencia humana se organizaran de modo más justo y humano, tanto a través de la autoayuda de los afectados, como también a través de una legislación adecuada. Esto exige una activa participación en la organización del permanente cambio social que es el resultado de las cambiantes circunstancias. Este cambio social comienza en cada individuo, lo cual quiere decir que son los seres humanos con sus criterios y actitudes quienes deben cambiar, logrando modificar de ese modo las estructuras sociales. Por lo tanto, la Obra Kolping considera que en su trabajo debe poner especial énfasis en lograr el cambio social mediante la promoción de cambios en el ser humano, en sus criterios y en sus comportamientos. Según esta concepción, los individuos son también los verdaderos responsables de la organización de las condiciones sociales marco y es su responsabilidad organizar estas condiciones marco de modo que sean socialmente justas y orientadas hacia el bien común. La Doctrina Social de la Iglesia denomina "estructuras del pecado" a las estructuras sociales y a las condiciones marco que no cumplen con estos requerimientos, puesto que esas estructuras de la sociedad tienen su origen último en un comportamiento pecador de las personas que las organizan.
Esta concepción integral requiere que se tengan en cuenta de manera cabal los derechos humanos en sus aspectos personales, religiosos, culturales, sociales, económicos y políticos. En este contexto, la Obra Kolping considera que su tarea consiste ante todo en comprometerse con el respeto al derecho a la vida en todas sus etapas, con la promoción de los derechos de la familia como célula base de la sociedad, con la justicia en las relaciones laborales, con el respeto a los derechos del individuo y de los grupos sociales en la comunidad política y con el reconocimiento de los derechos específicos del ser humano respecto de su vocación trascendente. Se opone a toda discriminación en razón de la raza, el idioma, la religión o el sexo y se compromete, ante todo, en contra de la discriminación de la mujer.Fomentar una educación que promueva y garantice los derechos humanos de este modo integral, requiere el compromiso total de todos los miembros y de todas las agrupaciones reunidas en la comunidad solidaria de la Obra Kolping.
La cooperación entre contrapartes como estructura especial de solidaridad
 
22. La cooperación presupone tomar en serio a la contraparte.
Además de la solidaridad que existe en la Obra Kolping en general, también puede haber entre contrapartes concretas - como por ejemplo, distintas Familias Kolping, distintas Asociaciones Diocesanas y distintas Federaciones Nacionales - formas de cooperación concretas que constituyan una estructura especial de solidaridad. En el marco de ese tipo de cooperación, los niveles de la asociación involucrados aspiran a establecer una relación mutua en la que las respectivas contrapartes se tomen en serio en su diversidad y en sus diferencias a nivel cultural y se respeten mutuamente en una relación de colaboración práctica. Las relaciones entre contrapartes constituyen comunidades de aprendizaje para una coexistencia solidaria en el Mundo Único.

23. La cooperación se basa en una decisión libre y conjunta.
La cooperación representa un compromiso especial, asumido por decisión conjunta de las contrapartes para la colaboración solidaria. También en este caso, la solidaridad implica dar y recibir recíprocamente, y no se limita al tema material y económico, sino que permite vivenciar un aprendizaje conjunto y mutuo ante el horizonte del Mundo Único.
 
24. La cooperación requiere del diálogo y está sometida a cambios.
Tanto la forma de intercambio entre las contrapartes, como la intensidad de dichas relaciones de cooperación se pueden modificar a lo largo del tiempo. La cooperación presupone un diálogo permanente y plantea exigencias específicas cuando se establece entre grupos de la Asociación provenientes de distintos continentes y diferentes círculos culturales. Este tipo de cooperación, precisamente, está sometido a menudo a un proceso que puede comenzar con una ayuda material unilateral y que sólo paulatinamente permite encuentros humanos en los que se produce también un intercambio de valores culturales y espirituales. En el marco de estos encuentros humanos será posible descubrir los elementos comunes que unen a todos los seres humanos más allá de las diferencias que marcan los distintos entornos culturales.
 
25. La cooperación entre contrapartes y su relación con la solidaridad dentro de la Asociación en general.
La cooperación entre contrapartes dentro de la Obra Kolping constituye una unión especialmente estrecha entre sí de distintas agrupaciones o distintos grupos de la Asociación y, por lo tanto, también una estructura de solidaridad especial, que tendrá tanto más vida cuanto mayor sea el apoyo de los miembros de los distintos estamentos unidos en una cooperación. Dentro de estas relaciones de cooperación se facilita una experiencia especialmente intensa de una solidaridad que traspasa todas las fronteras nacionales. Sin embargo, la solidaridad específica entre comunidades Kolping unidas entre sí a través de algún tipo de cooperación, no deberá ser motivo para marginarse totalmente de las exigencias de solidaridad que comprometen conjuntamente a todas las Familias Kolping y a todas las agrupaciones de la Asociación.
 
Estas directrices fueron aprobadas el 01 de mayo de 2002 por la XXXª Asamblea General de la Obra Kolping Internacional en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas / México.